
Nevado, vínculo y hogar
Cuando pienso en el vínculo humano-animal, en mi caso la palabra que aparece sin esfuerzo es hogar. Hogar como ese lugar cálido donde una se siente a salvo, donde el cuerpo descansa y el alma deja de defenderse. Hogar como familia elegida, como apego seguro, como esa cercanía que no necesita demasiadas explicaciones porque se siente.
Con Nevado fue así desde el primer día, pero lo comprendí de verdad cuando la vida me puso en una encrucijada. Hubo un momento en el que todo era inestable, en el que parecía que tenía que elegir entre encajar en lo que se esperaba de mí o ser fiel a lo que sentía. Y no lo dudé. Elegí a Nevado.
Fue una certeza profunda: él era y es mi hogar. Su rostro, su cuerpo, su bondad y su mirada eran un todo lleno de amor. No podía traicionarlo, ni traicionarme.
El vínculo se construye, sí, pero también se reconoce. La ciencia lleva años explicando lo que muchos ya sabíamos por intuición. Cuando convivimos con un animal con el que existe conexión, aumenta la oxitocina en ambos, la hormona vinculada al apego y la confianza.
Estudios de la Universidad de Azabu en Japón demostraron que mirarnos a los ojos activa en humanos y perros un bucle hormonal similar al que se produce entre madre e hijo.
Otros trabajos han mostrado cómo la convivencia con animales reduce el cortisol, regula el sistema nervioso y favorece un apego seguro, especialmente en personas que han vivido inseguridad o soledad. No es fantasía: el cuerpo responde al amor.
En mi caso, Nevado cambió mi vida. Yo estaba desorientada, insegura, sin propósito claro. Él me dio sentido. Me dio calma. Me dio una dirección. Hubo cambios, dificultades, momentos duros, pero juntos los atravesábamos.
Bastaba abrazarlo, sentir su respiración, apoyar mi frente en su cuerpo, y los problemas no desaparecían, pero pesaban menos. Ese es el poder del vínculo: no evita la tormenta, pero te da refugio.
A quien no entiende por qué duele tanto perder a un animal le diría algo muy sencillo: respeta el amor ajeno. Cada persona sabe cuál es el amor que tiene al lado. Nadie es quién para medir o juzgar el vínculo de otro, y menos cuando hablamos de un ser que ha sido familia, sostén y compañero de vida.
El vínculo no se rompe, se transforma. Nevado sigue conmigo. Su alma sigue guiándome. Este blog, que cumple doce años, es su legado. Es la continuidad de sus enseñanzas, la prueba de que cuando el vínculo es hogar, el amor no termina: evoluciona y se expande.



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