
Crecer juntos: cuando un niño y un perro comparten la vida
Hay experiencias que te marcan de por vida, que no se pueden explicar desde fuera, porque no son una teoría ni una recomendación, son vivencias que atraviesan el cuerpo y el corazón, y para mí una de las más profundas ha sido ver crecer a mis dos hijos, canino y humano, juntos. Darío junto a Nevado.
Recuerdo perfectamente el momento en el que llegué del hospital. Me tumbé con Darío al lado de Nevado. No hubo ningún momento de tensión, solo curiosidad por parte de Nevado, un acercamiento cariñoso, bondadoso y plagado de amor hacia nosotros.
Nevado lo aceptó desde el primer instante de una forma que solo puedo describir como profundamente natural, como si ya supiera que ese bebé formaba parte de su vida.
Jamás ha gruñido, jamás se ha sentido incómodo, jamás ha mostrado rechazo.
Al contrario, se acercaba, lo olía, lo observaba con una calma que me sigue emocionando al recordarlo. Y en realidad, de alguna manera, ya lo conocía, porque durante el embarazo Nevado se echaba sobre mi barriga, la protegía, la acompañaba, fue quien más me cuidó en ese proceso.
Desde el primer día los junté, sin crear distancia desde el miedo. Antes del parto fui preparando el terrano para adaptar a Nevado con calma.
Le ponía sonidos de bebés, le acerqué olores antes de llegar del hospital, su mantita, pañales, pequeños detalles que hacían que todo formara parte de algo natural.
Darío dormía en su cunita y Nevado conmigo al lado, y así fuimos construyendo una convivencia maravillosa entre los tres.
Nunca he tenido que imponer desde el control. Sí he guiado a Darío en cómo tocar a Nevado desde el respeto, con cuidado, pero siempre desde la calma.
Porque cuando el vínculo está bien construido, la educación se vive como un aprendizaje que se va integrando.
He visto escenas que se quedan para siempre en mi alma, como verlos correr juntos, a Darío con su bicicleta y Nevado detrás, acompañándolo.
Pero si hay algo que me ha atravesado profundamente ha sido ver a Darío cuidar de Nevado en sus últimos meses, llevarlo en el carrito, acariciarlo, abrazarlo, sostenerlo. Ahí entendí que el vínculo no es solo recibir amor, es aprender a darlo.
Beneficios reales de crecer con un perro
Me quedo corta al nombrarlos porque son numerosos, pero entre los más representativos podemos encontrar estos:
- Mayor desarrollo de la empatía.
- Mejora en la regulación emocional.
- Disminución del estrés y la ansiedad.
- Incremento del sentido de responsabilidad.
- Desarrollo de habilidades sociales.
- Sensación de seguridad y acompañamiento.
Falsos mitos que necesitamos revisar
Me cansé de escuchar este tipo de cosas antes y después del parto. No hice caso de nada, sino de lo que me guiaba el corazón, mi formación y mi experiencia vital. Pero seguramente, escucharás este tipo de frases, normalmente de gente que no tiene mucha idea sobre el tema:
- “No los juntes demasiado”
- “El perro puede tener celos”
- “Es peligroso que convivan así”
- “Mejor mantener distancia”
He visto abandonos de animales ante la llegada de un niño, algo totalmente injustificado y que demuestra la poca humanidad de alguien que es capaz de hacerlo por el mero hecho de la llegada de un bebé. Nuestro perro es nuestra familia.
Lo que esta experiencia me ha enseñado
Hoy sabemos que los vínculos seguros son la base del desarrollo emocional. Investigaciones como las de John Bowlby sobre el apego, y desarrollos posteriores en neurociencia interpersonal, han demostrado que la seguridad emocional se construye a través de la presencia, el contacto y la regulación compartida.
Autores como Allan Schore o Stephen Porges, desde la teoría polivagal, explican cómo el sistema nervioso se regula en relación con otro ser vivo seguro. Y aquí es donde el vínculo humano-animal cobra una dimensión profunda.
Estudios como los de Beetz et al. (2012) muestran que la interacción con perros puede reducir el cortisol (hormona del estrés) y aumentar la oxitocina, relacionada con el vínculo, la calma y la seguridad. Otros estudios de Julius, Beetz, Kotrschal, Turner y Uvnäs-Moberg señalan que los animales pueden actuar como reguladores emocionales, especialmente en niños.
Y esto no es teoría para mí. Esto lo he vivido en casa. Nevado es mi hogar, mi compañero de vida.
Ese lugar al que volver, ese lugar que calma, que no juzga, que sostiene. Y eso, desde la teoría del apego, es fundamental para el desarrollo de un niño.
Nuestra experiencia
Darío ha crecido con una presencia constante, afectiva, estable, que le ha permitido explorar el mundo desde la seguridad gracias a la experiencia vivida con Nevado. Y yo, como madre, también me he sentido acompañada, regulada, sostenida.
Esta vivencia me ha transformado profundamente. Me ha enseñado que el amor no se fuerza, que los vínculos no se controlan, se permiten, y que cuando dos seres crecen juntos desde el respeto aparece de manera natural el amor entre ellos.
Para mí no ha sido solo ver a un niño y a un perro crecer juntos.
Ha sido ver cómo se construye un vínculo que deja huella y conocer el amor en su forma más pura, que yo misma ya había vivido cuando Nevado llegó a mi vida.
Todo esto sigue presente en nosotros, Nevado en alma y esencia, nos sigue enseñando sobre amor, vínculo seguro y muchas más cosas que nutren nuestra esencia cada día.

.jpg)





0 comentarios