
La vuelta a la rutina después del verano: cómo ayudar a nuestros perros
Septiembre suele ser un mes de cambios. Volvemos al trabajo, los niños empiezan el colegio, recuperamos horarios y dejamos atrás muchas de las rutinas que hemos tenido durante el verano.
Pero estos cambios no nos afectan solamente a nosotros. Nuestros perros también han vivido el verano y se han acostumbrado a unos horarios, a una mayor presencia de la familia en muchos casos, a otros paseos o, simplemente, a una organización diferente del día.
De repente, volvemos a levantarnos antes, salimos de casa a determinadas horas y quizá nuestro perro vuelve a pasar más tiempo solo.
Para nosotros es volver a la rutina. Para ellos también supone un cambio.
¿Qué puede sentir nuestro perro ante un cambio de rutina?
Los perros aprenden mucho de aquello que se repite cada día. Reconocen nuestros horarios, nuestras costumbres e incluso muchas de las señales que anticipan lo que vamos a hacer.
Probablemente todos hemos vivido alguna vez algo parecido. Todavía no hemos cogido la correa y nuestro perro ya sabe que vamos a salir. Nos acercamos al lugar donde guardamos su comida y aparece a nuestro lado. Empezamos a prepararnos para salir de casa y sabe perfectamente lo que está ocurriendo.
Las rutinas les proporcionan cierta capacidad para anticipar lo que va a suceder. Por eso, cuando durante unas semanas nuestra organización cambia y después volvemos de repente a los horarios habituales, algunos perros pueden necesitar un periodo de adaptación.
Esto no significa que todos vayan a tener problemas ni que cualquier cambio vaya a provocar ansiedad. Cada perro es diferente. Sin embargo, sí sabemos que los cambios importantes en el tiempo que pasan solos pueden estar relacionados con la aparición de conductas asociadas a la separación en algunos perros.
Una investigación realizada por el equipo de Canine Behaviour and Research de Dogs Trust, en Reino Unido, siguió a 1.807 perros y a sus familias en distintos momentos de 2020. Los investigadores compararon el tiempo que los perros pasaban solos antes del confinamiento, durante las restricciones y meses después, cuando las rutinas empezaron a cambiar de nuevo.
Los resultados mostraron que las conductas relacionadas con la separación variaron considerablemente a lo largo del periodo estudiado. Aunque su prevalencia general descendió del 22,1 % al 17,2 %, un 9,9 % de los perros que anteriormente no presentaban estas conductas había desarrollado nuevos signos en octubre de 2020. Además, los perros cuyo tiempo a solas se había reducido más durante las restricciones presentaron un mayor riesgo de desarrollar posteriormente estas conductas cuando las circunstancias volvieron a cambiar.
Los investigadores concluyeron que estos resultados muestran una relación entre los cambios en las rutinas de las personas, el tiempo que los perros pasan solos y el riesgo de aparición de conductas relacionadas con la separación. No significa que un cambio de rutina vaya a generar un problema en todos los perros, pero sí nos ayuda a comprender por qué algunos pueden necesitar una transición más progresiva.
Por eso, puede ser interesante no pensar únicamente en nuestra vuelta al trabajo o al colegio. También podemos preguntarnos cómo está viviendo nuestro perro este cambio.
Recuperar las rutinas de manera progresiva
Siempre que podamos anticiparnos, podemos empezar a recuperar nuestros horarios poco a poco.
Si durante el verano hemos cambiado mucho la hora del paseo, por ejemplo, podemos aproximarnos progresivamente al horario que tendremos cuando volvamos a trabajar. Lo mismo ocurre con otros momentos del día.
También podemos tener en cuenta el tiempo que nuestro perro va a quedarse solo. Si ha pasado varias semanas prácticamente siempre acompañado, el primer día de trabajo quizá no sea el mejor momento para pasar de esa situación a muchas horas de soledad.
Podemos introducir pequeños periodos y observar cómo responde.
Y aquí hay una diferencia importante: no se trata de conseguir que nuestro perro “aguante” estar solo. Se trata de procurar que pueda vivir esos periodos con tranquilidad.
Los problemas relacionados con la separación son complejos y no todos los perros los manifiestan de la misma manera. Diferentes investigaciones realizadas durante y después de los confinamientos por COVID-19 mostraron precisamente respuestas muy distintas entre los perros.
Algunos desarrollaron nuevas dificultades, otros mantuvieron problemas que ya existían y otros incluso mejoraron.
Por eso, es importante observar al perro que tenemos delante y no aplicar automáticamente la misma fórmula a todos.
Las rutinas también forman parte de nuestra historia
Con Nevado aprendí muy pronto la importancia que pueden tener las rutinas para nuestros perros.
Él conocía perfectamente la hora de la comida. Muchas veces se despertaba cuando se acercaba el momento y venía hasta donde estaba yo. Se sentaba y esperaba.
También sabía perfectamente cuándo llegaba uno de nuestros momentos favoritos: salir a pasear. Siempre le encantó. Bastaba con decirle que nos íbamos para que saliera corriendo hacia la puerta.
Solíamos salir cuatro o cinco veces al día. Corríamos, jugábamos juntos en las pistas y disfrutábamos muchísimo de esos momentos. También le encantaban los juegos olfativos, especialmente cuando utilizábamos trocitos de pechuga y tenía que buscarlos.
Y después estaba nuestro momento de dormir.
Nevado saltaba a mi cama y se acurrucaba junto a mí. Cuando yo estaba enferma o no me encontraba bien, se quedaba conmigo. No se separaba de mí y permanecía a mi lado en la cama.
Todo aquello formaba parte de nuestras rutinas, pero también de nuestra relación.
Porque cuando hablamos de rutinas con nuestros perros no hablamos solamente de horarios. Hablamos de esos pequeños momentos que se repiten cada día y que, casi sin darnos cuenta, terminan formando parte de nuestra vida juntos.
Un buen paseo es mucho más que cansar al perro
Cuando sabemos que nuestro perro va a quedarse unas horas en casa, podemos pensar que lo mejor es cansarlo todo lo posible antes de salir.
Pero cubrir sus necesidades no consiste simplemente en conseguir que llegue agotado.
Un buen paseo puede ofrecerle diferentes oportunidades:
Olfatear y explorar el entorno.
Moverse y realizar actividad física adaptada a sus necesidades.
Relacionarse con su entorno.
Recibir una enorme cantidad de información a través del olfato.
Disfrutar también de un tiempo compartido con nosotros.
El enriquecimiento ambiental se ha relacionado con cambios en diferentes indicadores de bienestar y con mayores oportunidades para expresar comportamientos propios de la especie.
Por ejemplo, investigadores del Centre for Animal Welfare and Ethics de la Universidad de Queensland, en Australia, estudiaron a 60 perros alojados en un refugio de la RSPCA Queensland. Durante cinco días compararon distintas formas de enriquecimiento sensorial y observaron cambios en comportamientos relacionados con la activación y el descanso.
Es importante señalar que se trataba de perros que vivían en un refugio y no de perros de familia en sus casas, por lo que no podemos trasladar directamente todos los resultados a nuestro día a día. Sí aporta, sin embargo, evidencia sobre la importancia que puede tener el entorno y el enriquecimiento sensorial en el comportamiento y bienestar de los perros.
Por eso, podemos intentar reservar suficiente tiempo por la mañana para que el paseo no sea únicamente salir deprisa, hacer sus necesidades y volver corriendo a casa.
Después del paseo también puede haber un momento de calma y descanso antes de continuar con el día.
Podemos utilizar juegos olfativos, juguetes rellenables u otras actividades que nuestro perro ya conozca y disfrute, siempre que sean adecuadas para él y pueda utilizarlas de manera segura.
Pero tampoco debemos pedirle a un juguete lo que no puede hacer.
Un juguete no soluciona por sí solo un problema relacionado con la separación.
Si nuestro perro está realmente angustiado cuando nos vamos, puede que ni siquiera sea capaz de interesarse por aquello que le hemos dejado.
Estar solo y sufrir cuando se queda solo no son lo mismo
Esta diferencia me parece especialmente importante.
Un perro puede necesitar unos días para recuperar sus horarios después del verano sin que exista necesariamente un problema de comportamiento. Pero también hay perros que experimentan verdadero malestar cuando se quedan solos.
Podemos prestar atención a algunas señales que pueden indicarnos que nuestro perro está teniendo dificultades:
Ladridos o aullidos persistentes.
Destrucción de objetos.
Intentos de escapar.
Micción o defecación que no son habituales.
Salivación o jadeo excesivos.
Inquietud o movimientos repetitivos de un lado a otro.
Dificultad para relajarse.
Señales de malestar cuando reconoce que nos estamos preparando para salir.
La investigación sobre los problemas relacionados con la separación recoge precisamente conductas como la vocalización, la destrucción, la eliminación, el paseo repetitivo, la inquietud, el jadeo o la búsqueda de la persona. No tienen por qué aparecer todas ni hacerlo de la misma manera en cada perro.
En estos casos puede resultar muy útil grabar al perro durante nuestra ausencia. El vídeo nos permite observar qué ocurre realmente cuando no estamos y también se utiliza en investigación y en la valoración del comportamiento del perro cuando permanece solo.
En diferentes estudios clínicos, por ejemplo, se han utilizado grabaciones de las ausencias para analizar de manera sistemática conductas como el descanso, la interacción con el entorno o aquellas relacionadas con el malestar por separación.
Y, por supuesto, estas conductas no deberían castigarse.
Si nuestro perro está sufriendo, necesita que averigüemos qué está ocurriendo y busquemos la ayuda adecuada. Cuando las señales son intensas, se mantienen en el tiempo o tenemos dudas, es recomendable consultar con un veterinario y con profesionales cualificados en comportamiento canino.
También es su vuelta a la rutina
Cuando llega septiembre organizamos agendas, colegios, trabajos, actividades y horarios. Pensamos en cómo vamos a conseguir que todo vuelva a encajar.
Quizá podamos reservar también un pequeño espacio para observarlos a ellos:
¿Cómo ha cambiado su día?
¿Va a pasar más horas solo?
¿Han cambiado sus paseos?
¿Está descansando bien?
¿Tiene oportunidades para olfatear, explorar y jugar?
¿Seguimos compartiendo tiempo juntos?
¿Cómo está respondiendo a la nueva situación?
No necesitamos que todos los días sean exactamente iguales. La vida cambia y nuestros perros también pueden adaptarse a esos cambios. Pero podemos ayudarles haciendo algunas transiciones de forma progresiva y, sobre todo, observando lo que nos están diciendo con su comportamiento.
No pensemos solamente en cómo vamos a organizar nuestro día. Pensemos también en cómo va a vivir nuestro perro ese cambio.
Porque detrás de cada rutina hay mucho más que un horario.
Yo lo aprendí durante todos los años que compartí con Nevado. En aquella hora de la comida que parecía conocer perfectamente, en nuestras carreras hacia la puerta cuando llegaba el paseo, en los juegos, en las pistas, en sus búsquedas con el olfato y en tantas noches acurrucados juntos.
Son pequeñas cosas que repetimos cada día.
Y muchas veces, cuando miramos hacia atrás, descubrimos que aquellas pequeñas cosas eran una parte enorme de nuestra historia.
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