
El calor empieza a llegar, se acercan las vacaciones de verano y, por desgracia, también una de las épocas más duras para miles de animales en España: la del abandono.
Cada año, refugios y protectoras comienzan a saturarse justo en estos meses. Detrás de cada cifra hay perros, gatos y otros animales que un día tuvieron una familia, unas rutinas, unas voces conocidas y una vida estable. Y, de repente, todo desaparece.
Cuando conocí a Nevado ya había sufrido el abandono y el maltrato. Había perdido la vista y, aun así, seguía acercándose a las personas con cariño, con ganas de confiar y de sentirse querido. Siempre he pensado que eso dice muchísimo más de los animales que de nosotros mismos.
Los animales pierden su seguridad
A veces hablamos del abandono como si fuese simplemente “dejar a un perro”. Pero para ellos supone perder absolutamente todo lo que conocen. Pierden su hogar, sus olores, las rutinas, su seguridad. No entienden qué ha ocurrido.
Quienes consideramos a los animales parte de nuestra familia, sabemos que no son objetos ni compañías temporales para determinadas etapas de la vida. Son seres capaces de crear vínculos profundos, reconocer nuestras emociones, nuestros pasos, nuestras voces y nuestros estados de ánimo. Y por supuesto, de sentir.
Por eso el abandono deja una huella enorme en ellos.
La llegada del verano aumenta los abandonos
Con la llegada del verano siguen repitiéndose algunas de las excusas más habituales: cambios de domicilio, vacaciones, falta de tiempo, problemas económicos, camadas inesperadas o incluso frases tan dolorosas como “ya no podemos hacernos cargo” o “el perro se ha hecho mayor”.
Y quizá una de las partes más duras es precisamente esa: muchos animales son abandonados cuando más necesitan compañía, estabilidad y cuidados.
Algunos terminan vagando solos durante días o mueren atropellados. Otros son rescatados y trasladados a refugios y protectoras donde voluntarios y asociaciones hacen un trabajo inmenso para intentar ofrecerles una segunda oportunidad pese a la falta constante de espacio, recursos y ayudas.
Allí esperan una familia, una caricia y una rutina que ya no tienen. Algunos pasan meses o años o incluso puede ser que jamás sean adoptados. Especialmente los perros mayores, enfermos o con discapacidad, como le ocurrió a Nevado.
Todos merecen una oportunidad
Muchas veces pensamos que adoptar a un animal con dificultades será demasiado complicado, pero mi experiencia fue justamente la contraria. Nevado no solo transformó mi vida, también me enseñó muchísimo sobre sensibilidad, adaptación, amor y capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas incluso después de haber sufrido tanto.
También mis perritas me recuerdan cada día algo importante: los animales no necesitan grandes lujos para ser felices. Necesitan seguridad, presencia, paciencia, cuidados y sentir que forman parte de una familia.
Por eso creo que es importante hablar del abandono no solo desde la tristeza, sino también desde la responsabilidad y la conciencia.
Adoptar un animal implica tiempo, compromiso y amor durante toda su vida, también cuando llegan los cambios, las dificultades o la vejez.
Ojalá algún día dejemos de normalizar el abandono como si fuese una consecuencia inevitable del verano y empecemos a entender que detrás de cada animal abandonado hay una historia que podría haberse evitado.
Y quizá también una vida esperando simplemente que alguien no vuelva a fallarle.




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