15 de octubre de 2026

Perros y personas mayores: un vínculo que aporta bienestar




La compañía de un perro puede transformar nuestra vida en cualquier etapa, pero durante la vejez puede adquirir un significado especialmente importante. Compartir un paseo, recibir una mirada cariñosa o disfrutar de su presencia son experiencias cotidianas que pueden aportar bienestar emocional.

Para muchas personas mayores, un perro es mucho más que un compañero de hogar. Forma parte de sus rutinas, de sus relaciones afectivas y de su historia personal. Su presencia puede favorecer la actividad diaria y ofrecer oportunidades para relacionarse con otras personas.

Los perros se convierten en un puente entre generaciones. Facilitan encuentros, conversaciones y pequeñas amistades que enriquecen la vida de quienes comparten esos momentos.

Nevado me enseñó mucho sobre ello. A lo largo de nuestra vida juntos, pude observar cómo su presencia acercaba a personas de diferentes edades y cómo un gesto tan sencillo como detenernos en un banco podía convertirse en un momento especial.

Sin embargo, esta relación también implica responsabilidades. Cuando hablamos de los beneficios que los perros pueden aportar a las personas mayores, no debemos olvidar que el bienestar tiene que ser compartido.


¿Cómo pueden ayudarnos los perros durante la vejez?


La relación con un perro puede aportar beneficios físicos, emocionales y sociales. Aunque cada persona vive esta experiencia de manera diferente, existen varios aspectos especialmente interesantes.

1. Compañía y bienestar emocional. La presencia de un perro puede proporcionar afecto, cercanía y oportunidades de interacción, especialmente cuando la persona disfruta de su compañía.

2. Reducción de la sensación de soledad. Compartir momentos con un animal puede ayudar a algunas personas a sentirse acompañadas, aunque no sustituye las relaciones humanas ni garantiza que desaparezca la soledad.

3. Actividad física. Los paseos pueden favorecer el movimiento diario, siempre que se adapten a las capacidades de la persona y a las necesidades del perro.

4. Establecimiento de rutinas. Los horarios de alimentación, los cuidados y los paseos pueden contribuir a organizar el día y mantener hábitos cotidianos.

5. Relaciones sociales. Salir con un perro puede facilitar conversaciones y encuentros con vecinos u otras personas, ampliando las oportunidades de interacción.

6. Estimulación cognitiva. Participar en los cuidados del perro, recordar sus rutinas o compartir juegos sencillos puede ofrecer oportunidades de atención, planificación y participación activa.

7. Motivación y sentido de responsabilidad. Para algunas personas, cuidar de su compañero animal puede proporcionar una actividad significativa y una sensación de utilidad.

8. Expresión del afecto. La relación con un perro puede favorecer momentos de ternura, contacto y comunicación emocional, siempre respetando sus preferencias.

Estos beneficios son posibilidades, no resultados garantizados. Dependen de la situación personal, de la relación que se establezca y de las características de cada perro.


Tres formas de compartir la vida con los perros durante la vejez


No todas las personas mayores tienen que convivir con un perro para disfrutar de su compañía. Existen diferentes posibilidades que podemos adaptar a las circunstancias personales.

1. Vivir con un perro

La convivencia diaria permite construir una relación continuada, compartir rutinas y desarrollar un vínculo afectivo.

Sin embargo, antes de incorporar un perro al hogar, es importante valorar la movilidad, los recursos económicos, la disponibilidad de ayuda y la capacidad para atender sus necesidades durante toda su vida.

También debemos tener en cuenta la edad, el tamaño, el comportamiento y las necesidades particulares del animal. No existe un perro adecuado para todas las personas mayores.

2. Compartir momentos con perros de familiares o amigos

Esta opción puede resultar especialmente interesante para quienes disfrutan de los animales, pero no pueden o no desean asumir la responsabilidad de una convivencia permanente.

Las visitas de familiares acompañados por sus perros, los paseos compartidos o los encuentros tranquilos pueden convertirse en experiencias muy agradables.

Además, permiten disfrutar del vínculo sin asumir necesariamente todos los cuidados cotidianos.

3. Actividades e intervenciones asistidas con animales en residencias

Algunas residencias y centros de atención a personas mayores organizan actividades con perros para favorecer la interacción, la participación y el bienestar.

Es importante diferenciar una actividad asistida con animales, generalmente orientada a la interacción y el disfrute, de una terapia asistida con animales, que requiere objetivos terapéuticos definidos, profesionales cualificados y evaluación de resultados.

En 2023, una revisión sistemática publicada en BMC Geriatrics, revista científica especializada en envejecimiento, examinó estudios sobre la interacción con animales en centros de cuidados.

Los investigadores querían conocer los posibles efectos físicos, psicológicos y sociales de estas intervenciones. Algunos estudios encontraron resultados favorables relacionados con la soledad y determinadas medidas de ansiedad. Sin embargo, la evidencia fue variable y no permitió confirmar todos los beneficios estudiados.

Por tanto, estas actividades pueden ser un recurso complementario, pero no deben presentarse como una solución universal ni como sustitutas de otras formas de atención y acompañamiento.


El bienestar del perro también importa


Cuando organizamos actividades con animales, debemos recordar que los perros no son herramientas destinadas a satisfacer nuestras necesidades emocionales.

Son seres vivos con preferencias, límites y necesidades propias.

En 2014, la Asociación Internacional de Organizaciones de Interacción Humano-Animal (IAHAIO) publicó un documento de referencia sobre las intervenciones asistidas con animales, actualizado posteriormente.

Esta organización reúne a entidades y profesionales dedicados al estudio de las relaciones entre personas y animales. Sus recomendaciones buscan promover actividades responsables que protejan el bienestar de ambos.

Un perro no debería verse obligado a aceptar abrazos, caricias o interacciones constantes. Necesita descansos, espacios tranquilos y la posibilidad de apartarse cuando no desea continuar.

También es fundamental observar posibles señales de miedo, cansancio o incomodidad.

El bienestar animal nunca debería quedar en segundo plano, aunque una actividad resulte beneficiosa para las personas.


Lo que Nevado me enseñó sobre acompañar a nuestros mayores


Cuando pienso en la relación entre perros y personas mayores, recuerdo especialmente a Nevado y a mi abuelo.

En ocasiones nos encontrábamos en los bancos durante nuestros paseos. Compartíamos un rato juntos y también iba con Nevado a visitar a mi abuelo a su casa. Me emociona pensar en esos momentos porque la relación era muy bonita y afectiva. 

Nevado también hizo amistad con un señor mayor al que encontrábamos durante nuestros paseos. Nos sentábamos en el banco con él y compartíamos un rato de conversación. Aquel hombre acariciaba a Nevado y él disfrutaba encantado de esas muestras de cariño.

Con el tiempo, aquellos encuentros se convirtieron en una pequeña amistad. Nevado no solo me acompañaba a mí; también formaba parte de esos momentos compartidos con otras personas.

Recuerdo igualmente a mi tía Joaquina. Cuando nos cruzábamos con ella, también surgían esos encuentros tan especiales. Ella tenía su propio perro, que era una compañía maravillosa en su vida.

Son recuerdos que me hacen pensar en algo importante: los perros no solo nos ofrecen compañía individual. También pueden acercarnos a otras personas y ayudarnos a construir relaciones.

A veces, una conversación comienza porque alguien se interesa por nuestro perro. Otras veces, un paseo se convierte en una oportunidad para compartir recuerdos, hablar de la vida o disfrutar de unos minutos de compañía.

Con Nevado descubrí que esos pequeños encuentros podían tener un significado enorme.

Y también aprendí que el cariño debe ser recíproco. Él disfrutaba de aquellas caricias y de esos momentos tranquilos, pero siempre procuré respetar sus necesidades y su manera de relacionarse.

Acompañar significa precisamente eso: estar presentes, compartir y respetar al otro.



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