
10 planes para mejorar el vínculo con tu perro
Cuando pensamos en mejorar el vínculo con nuestro perro, quizá imaginamos que necesitamos hacer algo extraordinario. Una gran excursión, una actividad especial o dedicar muchas más horas de las que tenemos disponibles.
Sin embargo, los vínculos más profundos suelen construirse de otra manera. Nacen de los paseos cotidianos, del juego, de los momentos de descanso y de la forma en la que nos comunicamos. También crecen cuando aprendemos a observar, respetar y conocer al perro que tenemos delante.
Con Nevado lo aprendí durante casi 17 años compartiendo nuestra vida. Nuestro vínculo se fue construyendo en miles de pequeños momentos hasta llegar a una conexión que todavía hoy me resulta difícil explicar con palabras.
Por eso, más que proponerte diez grandes actividades, quiero compartir contigo diez planes sencillos para disfrutar juntos y cuidar vuestra relación.
¿Qué significa tener un buen vínculo con nuestro perro?
Un buen vínculo no significa que nuestro perro tenga que estar permanentemente a nuestro lado. Tampoco consiste en conseguir que obedezca todo lo que le pedimos.
Cuando hablamos de vínculo hablamos de confianza, seguridad, comunicación, respeto y experiencias compartidas. Somos importantes para nuestros perros, pero una relación saludable también permite explorar, tomar pequeñas decisiones y desenvolverse con seguridad en el entorno.
En 2013, Lisa Horn, Ludwig Huber y Friederike Range, investigadores vinculados a la Universidad de Viena y al Messerli Research Institute, quisieron comprobar si las personas podían actuar como una especie de base segura para sus perros.
Para estudiarlo, observaron cómo afrontaban una tarea de resolución de problemas cuando su persona estaba presente o ausente.
Los perros interactuaron durante más tiempo con la tarea cuando su persona estaba presente, independientemente de que esta permaneciera en silencio o les animara. La presencia de una persona desconocida no produjo el mismo efecto.
Los investigadores interpretaron estos resultados como evidencia de un efecto de base segura específico de la persona de referencia.
Eso nos ayuda a entender algo precioso: nuestra presencia puede proporcionar seguridad sin necesidad de dirigir constantemente lo que hace nuestro perro.
La forma de educar también importa
El vínculo no depende únicamente de cuánto tiempo pasamos juntos. Importa cómo tratamos a nuestro perro durante ese tiempo.
En 2020, Ana Catarina Vieira de Castro y su equipo, vinculados principalmente a instituciones de investigación de la Universidad de Oporto, estudiaron a 92 perros para analizar cómo podían afectar diferentes métodos de entrenamiento a su bienestar. Compararon perros educados principalmente mediante recompensas con otros expuestos en diferente medida a métodos aversivos.
Los perros del grupo con mayor utilización de métodos aversivos mostraron más comportamientos relacionados con el estrés durante el entrenamiento. También presentaron un mayor aumento del cortisol después de las sesiones y respuestas más pesimistas en una prueba de sesgo cognitivo.
Por eso, cuando hablamos de fortalecer el vínculo, para mí existe una base que no podemos olvidar: educar desde el respeto y evitando castigos, intimidación o miedo.
A partir de ahí podemos hacer muchísimo. Y muchas veces es bastante más sencillo de lo que pensamos.
1. Regálale un paseo para olfatear
No todos los paseos tienen que tener como objetivo recorrer muchos kilómetros. Podemos dedicar uno de ellos simplemente a dejar que nuestro perro explore.
Permítele detenerse, escoger algún camino cuando sea posible y dedicar tiempo a los olores que encuentra. Para nosotros puede parecer que está parado delante de un arbusto. Para él, ese lugar contiene una enorme cantidad de información.
Con Nevado aprendí que el paseo también era suyo. No se trataba solamente de que me acompañara a caminar, sino de compartir un momento en el que él también pudiera disfrutar a su manera.
2. Haced una pequeña excursión juntos
No necesitamos organizar una aventura enorme. Conocer un parque diferente, pasear por el campo o descubrir una ruta tranquila puede convertirse en una experiencia compartida.
La novedad ofrece oportunidades para explorar y para observar cómo se siente nuestro perro ante diferentes entornos. Algunos disfrutarán muchísimo de lugares nuevos, mientras que otros necesitarán espacios conocidos y tranquilos.
Fortalecer el vínculo también significa entender esas diferencias.
3. Prepara un juego de búsqueda
Podemos esconder pequeños premios, un juguete conocido o preparar una búsqueda sencilla en casa. No hace falta complicarla demasiado para que resulte interesante.
Los juegos de olfato permiten que el perro utilice una capacidad fundamental para él y pueden convertirse en un momento divertido compartido. Podemos empezar con búsquedas muy fáciles y aumentar progresivamente la dificultad.
Lo importante no es que lo haga perfecto. Estamos compartiendo una experiencia.
4. Juega de verdad con él
A veces lanzamos una pelota mientras miramos el teléfono o movemos un juguete casi de manera automática. Podemos probar algo diferente: dedicar unos minutos exclusivamente a jugar juntos.
Observa qué tipo de juego disfruta tu perro. Puede preferir perseguir, buscar, intercambiar juguetes o participar en juegos más tranquilos.
El juego compartido también es comunicación. Nos permite conocernos y descubrir qué entusiasma al otro.
5. Aprended algo nuevo juntos
Enseñar una habilidad sencilla puede convertirse en un pequeño proyecto compartido. Dar la pata, tocar nuestra mano con el hocico, buscar un objeto o aprender una señal nueva son algunas posibilidades.
La finalidad no tiene que ser conseguir un perro que haga muchas cosas. Lo interesante es el proceso de aprender juntos.
Podemos utilizar refuerzo positivo, sesiones breves y objetivos adaptados a cada perro. Equivocarse forma parte del aprendizaje, tanto para ellos como para nosotros.
6. Permítele elegir algunas cosas
No podemos permitir que nuestro perro decida absolutamente todo. Somos responsables de su seguridad y existen situaciones en las que tendremos que tomar decisiones por él.
Pero eso no significa que no pueda elegir nada.
Podemos dejar que escoja entre dos juguetes, decidir hacia dónde quiere continuar en determinados momentos del paseo o permitirle acercarse y alejarse cuando la situación sea segura.
Afecto y autonomía son compatibles. Querer mucho a nuestro perro no significa controlar cada uno de sus movimientos.
7. Comparte contacto físico cuando él también lo quiera
Las caricias pueden formar parte de nuestros momentos más bonitos, pero también aquí necesitamos observar.
¿Se acerca buscando contacto? ¿Permanece relajado cuando lo acariciamos? ¿Se aparta? ¿Vuelve cuando dejamos de tocarlo?
En 2024, Elizabeth Walsh y un equipo internacional estudiaron la comunicación no verbal durante interacciones humanas con perros, como el juego, las caricias y los abrazos. Su objetivo era analizar si las personas interpretaban adecuadamente las señales que los perros emitían durante esos contactos.
Los investigadores observaron numerosos comportamientos relacionados con estrés o incomodidad y señalaron la importancia de aprender lenguaje canino. Respetar la capacidad del perro para participar o retirarse de una interacción puede favorecer tanto su bienestar como nuestra relación.
8. Aprende a leer su lenguaje
Esta quizá sea una de las actividades más importantes de todas.
Podemos aprender a reconocer cuándo nuestro perro está relajado, incómodo, preocupado, excitado o necesita distancia. La posición del cuerpo, la mirada, las orejas, la cola y determinados movimientos nos proporcionan información.
Cuanto mejor entendamos su lenguaje, menos necesitaremos interpretar todo desde nuestra perspectiva humana.
Conocer a nuestro perro significa también preguntarnos: ¿qué me está intentando decir?
9. Compartid un rato tranquilo
No todo lo que fortalece un vínculo tiene que ser actividad.
Tumbarse juntos, descansar, leer mientras nuestro perro duerme cerca o simplemente compartir un momento tranquilo también forma parte de una relación.
Con Nevado estos momentos fueron esenciales. Estar juntos no requería que estuviera sucediendo algo especial. Su presencia formaba parte de mi hogar, de mis rutinas y de mi manera de entender la vida.
A veces pensamos tanto en qué podemos hacer con nuestros perros que olvidamos algo mucho más sencillo: también podemos estar con ellos.
10. Cread un pequeño ritual que sea vuestro
Puede ser un paseo determinado, unos minutos de juego al llegar a casa, un momento tranquilo antes de dormir o cualquier pequeña rutina que ambos disfrutéis.
Los rituales cotidianos van creando una historia compartida. Con el paso del tiempo, algunos de esos momentos aparentemente pequeños terminan convirtiéndose en recuerdos enormes.
No tienen que ser perfectos ni especiales para los demás. Solo tienen que tener sentido para vosotros.
Lo que Nevado me enseñó sobre el vínculo
Si pienso en mi relación con Nevado, no encuentro un momento concreto en el que nuestro vínculo se hiciera tan profundo.
Encuentro miles.
Paseos, juegos, miradas, momentos de descanso y situaciones difíciles. Encuentro los años aprendiendo a conocerlo y también todo lo que él aprendió sobre mí.
Nevado me enseñó que querer a un perro no consiste únicamente en cuidarlo. También significa conocer quién es, respetar sus necesidades y aprender su manera de comunicarse.
Quizá por eso, después de tantos años juntos, llegamos a estar tan sintonizados. Yo sabía interpretar muchos de sus gestos y él era capaz de percibir cambios en mí que a veces ni siquiera necesitaba expresar.
Un vínculo profundo no debería borrar la individualidad del perro. Precisamente porque lo queremos, podemos permitirle explorar, elegir cuando sea posible, expresar que algo no le gusta y relacionarse con nosotros desde la seguridad.
No necesitas hacer algo extraordinario
Puedes escoger uno de estos planes y probarlo esta semana.
Quizá sea un paseo sin prisas, diez minutos de juego, una búsqueda en casa o simplemente sentarte junto a tu perro y observarlo. No hace falta convertir cada momento compartido en una actividad educativa.
Lo verdaderamente importante ocurre poco a poco.
Porque fortalecer el vínculo no siempre significa hacer más cosas con nuestro perro. Muchas veces significa aprender a estar mejor con él.
Eso fue lo que Nevado me enseñó durante nuestra vida juntos y continúa enseñándome hoy: los grandes vínculos se construyen, casi siempre, a través de pequeñas cosas.
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